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    16 November

    El Bosque de los Sueños


     

     

    El Bosque de los  Sueños

     

     

    La noche era tan clara que parecía casi de día. Había dejado de nevar hacia un rato dejando al bosque cubierto con una tupida alfombra blanca e impoluta.

    La luna llena, enorme, de un color dorado brillante y que jamás había visto antes se reflejaba en el helado suelo creando un juego psicodélico de miles de chispas de colores que saltaban desbandadas y  traviesas hacia todas direcciones.

    Las hojas de los centenarios robles habían logrado quitarse a duras penas la nieve de encima, mudándolas por millones de pequeñas gotas cristalinas que al mirarlos daban la impresión de estar llenos de piedras preciosas por el brillo que despedían.

     

    Jerome iba un poco despistado, tanta belleza alrededor lo tenía bastante descolocado, pero sabía bien que ese era el lugar de la cita. La cabaña tenía que estar muy cerca porque  podía percibir el dulce e inconfundible aroma a leña quemada de su hogar.

    Era la tercera ocasión en que se veían, estaba nervioso porque era la primera vez que había quedado con su amada en un lugar fuera del alcance de miradas curiosas y no sabia muy bien cual seria su reacción al tenerla de frente y a solas.

    Por fin la encontró, estaba edificada con troncos del mismo lugar en la que se encontraba, era coqueta, intima, acogedora y con un humo muy blanco saliendo por su chimenea, parecía una postal de Navidad.

     

    Se armó de valor, respiro hondo, se acerco hasta ella llamando a la puerta muy suavemente para no romper el silencio que envolvía el bucólico entorno, esta se abrió casi de inmediato apareciendo en el dintel la mujer por quien había perdido la cabeza desde hacia algún tiempo y que le había hecho despertar de un largo letargo por causa del desamor.

    Como un imbecil, se quedo en la puerta cual estatua de mármol, mientras Alba sonriendo tranquila le decía con una taza de chocolate caliente entre sus manos – No te quedes ahí como un pasmarote, entra, hace frío, si  permaneces ahí quieto vamos a morir congelados-

    Por fin Jerome logro reaccionar entrando en ella y cerrando la puerta tras de si.

    Sin saber muy bien como actuar frente a ella se acerco dándole dos castos besos en sus inmaculadas mejillas, pero Alba le agarro fuerte y ambos se fundieron en un prolongado abrazo mientras decía dichosa, -Mi amor, no sabes cuanto necesitaba tenerte entre mis brazos y sentir tu calor-

    Jerome, que era un hombre de mundo, experimentado, de vuelta de casi todo y que había conocido decenas de mujeres antes de conocer a Alba sin saber muy bien como olvidó todo lo que había aprendido a través de los años y de repente volvió a convertirse en aquel adolescente inseguro que un día muy lejano había sido.

    Mientras aquello duro Jerome sentía millones de mariposas revoloteando en su interior,  temblaba como una hoja de papel de arroz mientras todo el vello de su cuerpo se erizaba y le costaba trabajo respirar.

    Tras el eterno abrazo, Alba le trajo una taza da cacao humeante, le tomó de la mano y lo condujo hasta el mullido sofá de cuero blanco donde se acomodaron.

    Jerome echo un vistazo rápido a su alrededor y vio que la pequeña cabaña constaba de una sola pieza dividida en dos partes, la de abajo consistía en un salón presidido por una enorme chimenea encendida que crepitaba juguetona creando sonidos arcaicos y milenarios que les trasladaban a un tiempo perdido. En la parte izquierda se encontraba una estrecha escalera que conducía a una especie de minúscula plataforma con una barandilla para evitar caídas, tan pequeño era el espacio que a duras penas cabía la cama, una sola cama, por suerte el sofá se veía cómodo y esponjoso.

    Así que le dijo a Alba tras un largo tiempo echados como dos niños sobre la alfombra hablando de lo divino y de lo humano, que no se preocupase que solo hubiese una cama, que el estaría bien el sofá, pero Alba mas decidida que Jerome en este aspecto le dijo con dulzura tomándole la mano, vamos a la cama, confío en ti y se nada malo puede pasarme estando contigo.

    Cuando subieron a la diminuta estancia  había comenzado a nevar de nuevo y los copos que caían sobre el  inclinado tejado de pizarra gris que se oían en el interior de la estancia creando una melodía de armónicos acordes que recordaban  a decenas tambores africanos tocando al unísono en un día de fiesta, mientras, a lo lejos se oía aullar a los lobos que habitaban el bosque y que buscaban cobijo donde guarecerse de la tormenta.

     

    Desnudos, se acostaron muy juntos, convirtiéndose en dos cuerpos, dos cinturas, unidos en la cascada del amor por un mismo puente. Jerome pasó con cuidado su brazo derecho bajo el hombro de ella mientras con la otra mano iba acariciándola suavemente, comenzando por su brillante y salvaje melena y continuando por su bellísimo y blanco rostro hasta llegar a sus carnosos labios y que Jerome tanto ansiaba besar, como si Alba le hubiese leído el pensamiento, levanto su cabeza  y mirándole inocente con esos enormes ojos, bellos y oscuros como la noche parecía que dijeran, bésame mi amor, también a mi me apetece probar los tuyos. Y así sin saber muy bien como, entre besos prohibidos, caricias y te quieros Alba por fin se durmió en un sueño reparador que hacia años no había tenido, mientras Jerome no podía dejar de mirarla ni un instante, no se atrevía a moverse por miedo a despertarla. Así pasaron toda la noche hasta que llego la hora de despedirse para volver a la realidad, pero sabiendo que a la noche siguiente la cabaña en medio del Bosque Encantado que ya se había convertido en la morada de ambos estaría  esperándoles de nuevo...

     

    Rosa G